OGM

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martes, 26 de noviembre de 2013

¿Como los regula el gobierno?

La preocupación de los gobiernos por el riesgo que para el ambiente significa la liberación de OGM, condujo a la conclusión de que era necesario desarrollar y aplicar políticas y regulaciones en materia de bioseguridad (manejo responsable de seres vivos) en cada país y de que era necesario tomar medidas a nivel internacional para regular la movilidad transfronteriza de estos materiales.

La discusión sobre los transgénicos se inició en 1992, en la reunión conocida como La Cumbre de Río. Ahí se concluyó que era indispensable crear un marco regulatorio para la protección de la biodiversidad del planeta, que ya había disminuido considerablemente en diversas regiones. El Protocolo de Bioseguridad debía establecer reglas internacionales vinculantes que obligarían a adoptar el principio precautorio como base para las decisiones sobre transferencia, manejo y uso de los OGM.

Es importante señalar que antes de llegar a un acuerdo internacional sobre los OGM, se inició el comercio de los primeros cultivos transgénicos entre diversos países, entre ellos lugares en donde existen ancestros o parientes silvestres de las especies y variedades cultivadas. Esto es muy grave, pues la "nueva información" genética puede llegar a hábitats no agrícolas.

Luego de un intenso trabajo de la comunidad internacional, el 29 de enero se firmó en Montreal, Canadá, el Protocolo de Bioseguridad, acordado en el Convenio sobre Diversidad Biológica de 1992. Este Protocolo es un logro para la mayoría de países y un fuerte golpe para Estados Unidos –líder del Grupo Miami, conformado por cinco países productores de transgénicos–, pues establece las reglas internacionales que obligarán a los países a adoptar el principio precautorio como base para las decisiones relacionadas con el movimiento transfronterizo, tránsito, manejo y uso de los organismos vivos modificados (OVM) o transgénicos.

Este acuerdo es un compromiso coordinado para proteger la biodiversidad y emite un mensaje muy claro a Estados Unidos y los países productores de OVM: con su apoyo o sin él, el compromiso de la mayoría de los países (más de 130) es con el planeta y con la vida.

A continuación, se resumen los puntos más controvertidos de la negociación, cuya discusión comenzó en Colombia, en febrero de 1999:

1. Quedan establecidas reglas mundiales para el control del movimiento transfronterizo, tránsito, manejo y uso de todos los OVM o transgénicos.

2. El protocolo no contempla a los productos derivados de OVM, ni a los productos farmacéuticos para humanos, regulados por otros acuerdos y organizaciones.

3. La base del protocolo es el principio precautorio, que dice que la ausencia de evidencia no significa la ausencia de riesgo, por lo que ante la falta de certeza científica sobre los posibles daños que un producto puede ocasionar, un país tiene derecho a rechazarlo. Este principio incluye a los granos básicos o commodities.

4. El Protocolo no se subordinará a las reglas de la Organización Mundial de Comercio (OMC) ni a otros acuerdos internacionales.

5. Establece procedimientos internacionales para lograr un Acuerdo Fundamentado Previo (AFP) para el movimiento transfronterizo de los OVM. Los OVM regulados aquí son los destinados a la liberación al ambiente (como cultivos) y al consumo humano y animal o el procesamiento. No aplica con OVM de uso confinado o contenido.

6. Establece reglas internacionales diferenciadas para identificar los OVM: etiquetado y separación del producto de uso directo como alimento, procesamiento o liberación intencional al ambiente. La identificación es una medida que permite el rastreo.

7. Es obligación de las partes desarrollar reglas internacionales en cuanto a responsabilidad y compensación por daño causado por el movimiento transfronterizo de OVM.

8. Resalta importancia que tienen para la humanidad los centros de origen y diversidad genética y obliga a las partes a considerar este punto al decidir el procedimiento para un AFP.

9. El comercio con países no miembros del protocolo es permitido mientras haya consecuencia con el protocolo. Las partes pueden establecer acuerdos específicos bi, multilaterales o regionales con no miembros, que no deberán quedar en un nivel más bajo de protección que el establecido por el protocolo.

10. Para la entrada en vigor del protocolo es necesario que 50 países miembros del CDB lo firmen y ratifiquen. Se espera que esto sea resuelto entre los años 2002 y 2003.

La importancia del protocolo radica en la posibilidad de ejercer la soberanía nacional respecto a la movilización transfronteriza de OVM, para ejercer el derecho de protección de la biodiversidad nacional, apelando al principio precautorio.

Samuel Vieyra

Efectos a Mediano y Largo plazo

Los Organismos Genéticamente Modificados (OGM) o transgénicos pueden producir efectos en la salud humana y animal y representan un potencial peligro a los países biodiversos. Particularmente delicada 1. Muertes registradas por GM. En 1989, docenas de americanos murieron y varios centenares fueron afectados y deteriorados por una versión genética alterada de un suplemento dietario – L-triptofan. Una indemnización de 2 mil millones de dólares fue pagada por Showa Denko, la tercera gran compañía química japonesa. (Mayeno y Gleich, 1994).
<!-2. Riesgos de muerte por reacciones alérgicas. En 1996, genes de nuez de Brasil fueron injertados en brotes de soja por la compañía Pioneer Hi-Bred. Algunas personas alérgicas a esta nuez sufrieron un shock anafiláctico (similar a la reacción severa a la picadura de abeja) que puede ser mortal. Ensayos con animales confirmaron el peligro y afortunadamente el producto fue sacado del mercado antes que ocurriera alguna fatalidad. “El próximo caso hubiera podido ser menos leve y el público menos afortunado”, escribio Marion Nestle, Jefa del Depto. de Nutrición de NYU en un editorial del New England Journal of Medicine. Cerca del 25 % de americanos ha tenido reacciones adversas a los alimentos, 8 % de niños y 2 % de adultos tiene alergia alimentaria y su inmunoglobina ha sido analizada.
<!-3. Cáncer y otras enfermedades degenerativas
<!-4. Cáncer directo y vínculos con enfermedades degenerativas. En 1994, la FDA aprobó la rBGH, una hormona de crecimiento genético de Monsanto, para inyectar en vacas lecheras –aun cuando algunos científicos advirtieron sobre el resultado creciente del IGF-1, una potente hormona química, vinculada con riesgos superiores a 400-500% de cáncer de mamas, próstata y colon. Según el Dr. Samuel Epstein de la University of Chicago, “induce trasformaciones malignas en las células epiteliales de los pechos”. Estudios con ratas confirmaron la sospecha y demostraron daños de órganos internos por ingestión de rBGH. De hecho, los propios experimentos del FDA indicaron un crecimiento de la masa del bazo de un 46 % -un signo de desarrollo de leucemia. El argumento fue que la hormona es destruída por pasteurización. Pero en la investigación efectuada por dos científicos de Monsanto, Ted Elasser y Brian McBride, sólo el 19 % de la hormona fue destruída a pesar de hervir la leche durante 30 minutos, cuando la pasteurización normal es de 30 segundos. Canadá, la Unión Europea, Australia y Nueva Zelanda han prohibido la hormona rBGH. El Código Alimentario UN, un standard de salud internacional del ambiente humano, rehuso certificar rBGH como seguro. No obstante, Monsanto continuó vendiendo este producto en los EEUU. Parte de la razón puede deberse a que la política del FDA fue iniciada por Margaret Miller, Directora Delegada del Servicio de Consulta en Salud Humana y de otros organismos… y antigua supervisora de Monsanto. Ella abrió el camino a gran cantidad de agricultores a quienes se permitió tener antibióticos en la leche –y en un factor de 100 o 10.000 %. Michael Taylor, Esq. fue el asistente ejecutivo del director del FDA. Él bosquejó la Enmienda Delaney que redujo al mínimo los riesgos de cáncer y más tarde fue contratado como consejero legal en Monsanto, y posteriormente volvió a ser Comisionado de Política en el FDA. Varios otros productos GM aprobados implican herbicidas comúnmente conocidos como cancerígenos - bromoxynil usado en el algodón transgénico y el Roundup de Monsanto o glufonsinato usado en sojas GM, grano y canola. Además y según el investigador Sharyn Martin, un número de enfermedades autoinmunes se ven acrecentadas por los fragmentos de ADN extraños que no son totalmente digeridos en el estómago humano e intestinos. Los fragmentos de ADN son absorbidos en la corriente sanguínea y potencialmente mezclados con el ADN normal. Las consecuencias genéticas son imprevisibles y se han hallado inesperados fragmees su siembra en un país de origen, ya que México domesticó al maíz y el frijol, cuyas plantas se han convertido en alimento mundial. Debe proteger preventivamente su patrimonio natural ante cualquier riesgo. En cuanto a aspectos sociales, los procesos de monopolización llevan hacia una concentración de actividades agroempresariales en manos de pocas empresas transnacionales, destruyendo la economía campesina y los mercados regionales, creando dependencia tecnológica y por ende, lejos de garantizar la seguridad alimentaria en el ámbito mundial, encarecen los alimentos básicos. México, con graves problemas de pobreza y deterioro ambiental, pero siendo uno de los países megabiodiversos, tiene que aplicar principios precautorios que superen la imperante pobreza, mejoren la equidad a favor de la calidad de vida de todos, protejan la biodiversidad y cuiden la salud humana ante potenciales riesgos a largo plazo. Sólo un enfoque bioético puede impedir un deterioro aún mayor de la calidad de vida, de la salud y del entorno.
Los riesgos sanitarios a largo plazo de los transgénicos presentes en nuestra alimentación o en la de los animales cuyos productos consumimos no han sido evaluados seriamente y su alcance sigue siendo desconocido. Nuevas alergias, y aparición de nuevos tóxicos son algunos de los riesgos que corremos al consumirlos.
Una vez liberados al medio ambiente los transgénicos no se pueden controlar. La contaminación genética pone en peligro variedades y especies cultivadas tradicionalmente, y es irreversible e impredecible, no se puede volver a la situación de partida.
Las variedades transgénicas pueden contaminar genéticamente a otras variedades de la misma especie o a especies silvestres emparentadas. Por ejemplo, en México, el centro de diversidad y origen mundial del maíz, los maíces transgénicos importados de Estados Unidos están contaminando las variedades tradicionales.
El aumento del uso de productos químicos elimina o afectan gravemente a la flora y a la fauna. Con las plantas tolerantes a herbicidas, el agricultor debe usar cada vez más cantidad de agrotóxicos para acabar con las llamadas "malas hierbas". Hoy por hoy existen datos que demuestran que, debido a esto, se están utilizando muchos más pesticidas en los cultivos transgénicos que en los convencionales. Con esto, la presencia de glifosato (el herbicida asociado a la soja transgénica RR de Monsanto) en el suelo, en las aguas y en los alimentos es cada vez mayor.
. Aparición de nuevas alergias por introducción de nuevas proteínas en los alimentos. En EEUU, en el conocido caso del Maíz Starlink (2000) se encontraron en la cadena alimentaria trazas de un maíz transgénico no autorizado para consumo humano que provocó graves problemas de reacciones alérgicas.
2. Aparición de resistencias a antibióticos en bacterias patógenas para el hombre (en algunos OMG se utilizan genes antibióticos como marcadores). Es decir, algunos transgénicos pueden transferir a las bacterias la resistencia a determinados antibióticos que se utilizan para luchar contra enfermedades tanto humanas como animales (por ejemplo, a la amoxicilina). La Asociación de Médicos Británica ha recomendado prohibir el uso de estos genes marcadores.
3. Aparición de nuevos tóxicos en los alimentos (debido a los cultivos Bt o a las proteínas que se utilizan como marcadores en los OMG).
4. Incremento de la contaminación en los alimentos por un mayor uso de productos químicos en la agricultura

5. Disminución en la capacidad de fertilidad. Según un estudio hecho público por el gobierno austriaco, la fertilidad de los ratones alimentados con maíz modificado genética-mente se vio seriamente dañada, con una descendencia menor que los ratones alimentados con maíz convencional.

Luis Contreras Flota

Riesgo de los OGM en el medio ambiente.

Se ha detectado una serie de riesgos potenciales al ambiente asociados con la liberación al campo de los organismos genéticamente modificados (OGM) y con la transferencia de los transgenes. Estos riesgos se pueden explorar a nivel genómico, de individuos y poblaciones y de ecosistemas. Además, se deben considerar efectos a corto, mediano y largo plazo. 

La introducción de las construcciones transgénicas puede ocurrir de dos maneras: por transferencia vertical hacia variedades criollas o a parientes silvestres cercanos, y por transferencia horizontal a otros organismos como virus y bacterias. Los riesgos asociados con estos procesos, así como las probabilidades de que ocurran, varían en función de distintos factores. Una preocupación relacionada con la introducción de los transgenes a variedades criollas es la erosión que potencialmente puede sufrir la biodiversidad del germoplasma del cultivo. Esto ya ha ocurrido con la introducción de variedades mejoradas por métodos convencionales. La introducción de los transgenes en las variedades criollas sólo disminuiría la diversidad genética del cultivo si la presión de selección a favor de las plantas transgénicas fuera muy intensa. Una vez que la hibridización ha ocurrido, el impacto en el ambiente va a depender del transgén en cuestión y de su expresión en un nuevo contexto genético. 

Otros de los riesgos que se han asociado con los organismos genéticamente modificados es que puedan causarle daño a insectos benéficos o a especies que no se intenta controlar, y con esto disminuir la biodiversidad y alterar en diferente medida las comunidades bióticas y los ciclos biológicos.

Por lo anterior, el uso de los organismos transgénicos debe hacerse con una seria evaluación de los riesgos que puedan representar para el medio ambiente, la biodiversidad y la salud humana. Esta evaluación de riesgo debe basarse en la mejor información científica posible y en los principios de caso por caso; es decir considerar el trinomio organismo receptor de la modificación, la modificación genética y el ambiente en donde se pretende llevar a cabo la liberación del transgénico; además en el principio precautorio.